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La importancia de enseñar a los niños a solucionar conflictos

Publicado el: 19 octubre, 2020

Parte de la vida es crecer. En este proceso aprendemos de nuestros errores e intentamos solucionar nuestros problemas para adquirir las habilidades necesarias para vivir todas nuestras etapas como seres humanos. Por esto, es importante que nosotros, como padres, vamos soltando a nuestros hijos y les permitamos que resuelvan sus propios problemas en lugar de rescatarlos cada vez que tengan dificultades.

“Soltar no significa abandonar a nuestros hijos, sino significa que aprendan a ser responsables y que se sientan capaces…”

Resolver problemas prepara a los niños para la vida

Si un chico nunca aprende a caminar porque lo tienen en brazos todo el tiempo, nunca aprenderá acciones más complejas como saltar, subir escaleras o andar en bicicleta.

Lo mismo ocurre con los problemas. Si un niño no aprende cómo resolver problemas propios de la edad que está viviendo, no estará preparado para manejar las múltiples dificultades que se le vendrán más adelante. De manera similar, si ya son adolescentes pero sus padres y madres siempre los rescatan de situaciones difíciles, como adultos tendrán dificultades para enfrentar desafíos. Al no enseñar a los niños a resolver sus propios problemas, hay mayores riesgos de que ellos abusen del alcohol y las drogas, se involucren en actividades delictuales o que siendo ya adultos dependan de sus papás hasta los cuarenta años.

Aprender a lidiar con los problemas fomenta la independencia

Desde que nacen hasta los 18 años, es el tiempo que tenemos los padres para criar de buena forma a nuestros hijos e hijas. Ya a esa edad, hay más responsabilidades sobre sus hombros. Al permitirles y enseñarles a resolver sus propios problemas, ganarán independencia y podrán manejarse bien en el mundo sin tener vigilancia permanente. Tendrán que conseguir un trabajo, estudiar alguna carrera, pagar sus propias cuentas y el arriendo, lavar la ropa, cocinar etc. Todas estas situaciones de adultos las manejarán con más facilidad si es que tuvieron la oportunidad de resolver problemas por sí mismos.

Solucionar los problemas les ayuda a pensar y comprender

A medida que los niños enfrentan los problemas, aprenden a “navegar por la vida”. Los enfoques que adquieran pueden enseñarles a sentir simpatía por los demás, comprender cómo funciona el mundo y de qué forma llevarse bien con los demás. Necesitarán orientación, pero los padres no pueden, ni deben, entregarles siempre las soluciones en “bandeja de plata”. Para prosperar en la vida, tenemos que vivir nuestras propias tempestades para hacernos más fuertes y aprender valiosas lecciones.
Por ejemplo, aprender a resolver las discusiones que se generan con los amigos será muy valioso más adelante en su vida. Si pueden adquirir esa habilidad será más simple llevarse bien con otros tipos de personalidades mientras son jóvenes. Es más probable también que puedan manejar mejor las relaciones laborales, trabajar en equipo, saber cómo comprometerse y, en última instancia, llevarse bien con otros en diversas situaciones sociales y profesionales.

Al encontrar sus propias soluciones, los niños ganarán confianza y autoestima

Todos podemos recordar un momento en el que superamos un problema con el que habíamos luchado y, como resultado, nos sentimos orgullosos de ese logro. Aprender a amarrarse los cordones de los zapatos, andar en bicicleta, leer un libro solo, preparar una comida o conducir un auto son todas experiencias excelentes que pueden generar confianza y autoestima. A medida que los niños logren hitos y logros por sí mismos, creerán en sí mismos y comprenderán que pueden hacer cosas difíciles.

Pasar por experiencias y pruebas es parte de la vida

A medida que nuestros hijos se acostumbren a afrontarlas por sí mismos, aprenderán y se convertirán en personas más fuertes e independientes. Es necesario que durante su crecimiento y desarrollo aprendan a manejar las cosas difíciles por sí mismos. Si tratamos de “protegerlos” en momentos complicados, en realidad haremos más daño que un bien.

De ahí surge la metáfora de decir que nosotros, los papás, somos un puerto seguro para esos barcos, que son nuestros hijos. Pero debemos dejarlos zarpar a a pesar de las tormentas y tempestades, ya que ellos deben vivir sus propias aventuras y experiencias. Deberán navegar en sus propios mares y debemos prepararlos lo mejor posible para que sean buenos navegantes. Debemos aprender a soltar la amarras cuando sea el tiempo…

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